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BAM: 15 años de vanguardia musical

Festimad (Madrid), FIB (Benicassim), Pirineos Sur (Huesca), La Mar de Músicas (Cartagena)… Quien quiera escuchar la música más actual, con criterios de calidad e independencia, dispone hoy de una gran oferta de festivales de todo tipo, capaces de satisfacer casi todos los gustos. En Barcelona mismo, iniciativas como el Primavera Sound o, desde una órbita más especializada, el propio Sónar, se han convertido en polos de atracción ineludibles. Pero en un principio, solo había el BAM. Este festival abrió camino a todos los demás. En 15 años, ha ejercido un papel de adalid en la revolución musical que se ha podido vivir en Barcelona, y se ha convertido en referente europeo de la escena musical estatal.

Q¿Qué se puede esperar de la fiesta mayor de una gran ciudad? Desde un punto de vista musical, se le piden grandes carteles. Grupos mediáticos. Asistencia masiva. Por la Mercè no faltan esta clase de conciertos: cada año suelen anunciarse grupos de gran tirón comercial, que hacen una parada en la ciudad en el marco de sus giras promocionales. Pero no es eso lo que distingue la música de la Fiesta Mayor de Barcelona: su rasgo definitorio es una lista ingente de conciertos de grupos potencialmente desconocidos por el gran público, encuadrados en toda clase de estilos y etiquetados genéricamente como “música independiente”. Todo este pastel, presentado en varios escenarios urbanos –gratuitamente o a precios populares- es lo que se conoce como “Barcelona Acció Musical”. Desde que nació, en el año 1993, el BAM ha sido la primera piedra de un gran cambio generacional: nuevos músicos han podido saltar la frontera invisible que les separaba del gran público, se ha generado una demanda de nuevas músicas, y los grandes actores del mercado musical –discográficas, promotores, salas…- se han ocupado de satisfacerla. Más aún: el BAM ha sido punto de encuentro de profesionales muy diversos, cosa que puede situar este festival en el génesis de lo que algunos han llamado “Barcelona Sound”, marcado precisamente por el mestizaje de estilos.

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Barcelona 93

El BAM nació en el año 1993 empujado por las ansias de renovación musical que se estaban viviendo en el conjunto del estado español desde inicios de la década. Aquellos días estaban surgiendo nuevas ideas en la línea del indie y el pop-rock alternativo, pero la industria musical existente, hecha a imagen y semejanza de los días de la Movida madrileña, no hacía mucho caso de lo que estaba pasando. El rock catalán empezaba a entrar en retroceso, justo un año después del concierto masivo celebrado en 1991 en el Palau Sant Jordi con Sopa de Cabra, Els Pets, Sau y Sangtraït. El panorama de los festivales, como ya se ha dicho, era bastante sombrío: el único que existía era el incipiente Espárrago Rock, nacido en 1989 en Huétor Tájar (Granada).
En un contexto más local, cabe recordar que la ciudad justo acababa de salir de los Juegos Olímpicos. Después de las grandes inversiones vividas en la ciudad, el Ayuntamiento volvió a fijarse en cuestiones más cotidianas. Una de ellas fue la propia Fiesta Mayor, que empezaba a sufrir un estancamiento de ideas respecto a la gran reinvención a que se había sometido en la década anterior. Se pretendía hacer un nuevo giro hacia la participación ciudadana, buscando personas que pudieran ofrecer nuevas ideas para la Mercè. Uno de los personajes contactados fue Jordi Gratacòs, que tenía un típico perfil de agitador: era el manager del Aula de Música Moderna y Jazz (integrada posteriormente en el Conservatorio del Liceo), y era delegado en España del Festival Le Printemps de Bourges y del Instituto de Recursos para las Músicas Actuales de Francia.
Lo que Gratacòs trasladaría a los representantes municipales sería la idea de articular, con recursos públicos y en el marco de la Fiesta Mayor, una movida que pudiera dar nuevas oportunidades a los grupos, a las discográficas y al propio público. “Tendrían preferencia –recuerda él mismo- los grupos y estilos que innovaran. Todo ello, con una participación casi a partes iguales de grupos de Barcelona y el resto de Cataluña, del estado y por último de Europa”.
Hasta entonces, la música de la Mercè se fundamentaba, sobretodo, en los (pocos) macroconciertos que se organizaban en el Sot del Migdia o en la Recta del Estadio (Montjuïc). La idea que proponía Gratacòs gustó porque se amoldaba muy bien a la idea de fomentar la participación ciudadana, en este caso la de los músicos de base; unos músicos que cobraban unos cachés comparativamente más bajos y que podían dar lugar a una programación mucho más crecida y arriesgada. Un auténtico círculo virtuoso, se podría decir.
Con el objetivo de ver con sus propios ojos cómo podía funcionar la nueva idea, una comitiva municipal decidió acompañar a Gratacòs al festival Le Printemps de Bourges (Francia), que podía ser un buen referente. A la vuelta, ya habían decidido incluso como se llamaría la nueva propuesta para la Mercè: “BAM”, Barcelona Acció Musical. Según recuerda quien ha sido responsable de la Fiesta todos estos años, Francesc Fabregat, la idea del nombre era “jugar con las palabras Barcelona y Música, en un intento que fuera más allá de los días de la Mercè y que pudiera representar la línea musical de Barcelona”. Esta ambigüedad propiciaría en el futuro una fuerte diatriba: ¿podía el BAM caminar solo? ¿Sería factible convertirlo en un festival con entidad propia, o habría que aceptar que una de las virtudes del BAM es, precisamente, que está enmarcado dentro de la Fiesta Mayor de Barcelona?

Cronologia:
1993: Primeros pasos. El futuro BAM se presenta en el Mercat de les Flors como una feria discográfica donde se pueden escuchar hasta 65 grupos poco conocidos en aquel momento: Australian Blonde, El Inquilino Comunista, El Regalo de Silvia, Karda Fàstik, Los Planetas…

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Inicios
La primera edición del BAM fue un ensayo bastante conservador, un híbrido organizativo que no llegó a funcionar del todo. El Ayuntamiento anunció el BAM como la marca bajo la cual se presentaría toda la música que se hiciera en Montjuïc durante los días de fiesta. En la montaña convivirían dos propuestas muy diferentes: por un lado, un “Primer Festival Europeu Rock Sarau” en el Palau Sant Jordi, con tres conciertos de grupos como Loquillo y los Trogloditas o Los Rebeldes; por el otro, el “Mercat del BAM”, con una feria discográfica y profesional de cariz internacional que se celebraría en el Mercat de les Flors y que iría acompañada de dos escenarios para las actuaciones de grupos desconocidos pero potencialmente interesantes. Ambas iniciativas tenían un equipo organizativo diferente, pese a presentarse bajo una marca conjunta.
Las actividades del Mercat de les Flors se tuvieron que organizar a marchas forzadas, ya que la luz verde municipal no llegó hasta tres meses antes de la Mercè. Sus dos escenarios vivieron un programa maratoniano de hasta 65 grupos diferentes, desde El Regalo de Silvia hasta Los Planetas, pasando por Los Valendas o Matamala. Los Australian Blonde fueron los encargados de inaugurar estos 15 años de historia, en un concierto celebrado bajo la lluvia ante poco más de cien personas.
El “Rock-Sarau” recibió una tibia acogida, tanto entre el público como entre la crítica. Mientras, el Mercat, de flojo tirón en un principio, fue creciendo en quórum hasta llegar al lleno absoluto registrado en conciertos como el de El Inquilino Comunista. Los estands de la feria discográfica se llenaron con los stocks de sellos discográficos de todas partes, con la excepción de los anglosajones, los cuales se consideraba que ya tenían un mercado propio. Así mismo, se celebraron debates sobre el estado del rock para investigar las posibilidades de difusión de la música en el mercado europeo.

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La transformación
Como conclusión de lo que pasó en la Mercè del 93, el Ayuntamiento decidió apostar fuerte por el concepto del BAM y de su “Mercado”, y prescindir de la contratación de grupos de gran tirón. Pese a todo, este tipo de artistas siguieron actuando en la ciudad durante las fiestas, pero no gracias a los presupuestos públicos, sino a los de los promotores privados.

Otra de las decisiones importantes que se tomó en ese momento fue prescindir de la montaña de Montjuïc como escenario musical. Los conciertos se trasladaron al centro de la ciudad, repartidos en diferentes escenarios con una programación simultánea que necesariamente obligaría el público a escoger: una sensación, ésta, que ya se ha mantenido en todas las siguientes ediciones del festival.

Cronología:
1994: Traslado al centro de la ciudad, y estructuración del concepto “BAM”. Conciertos en 4 escenarios (plaza Real, del Rei, Catedral y Moll de la Fusta), feria discográfica en las Atarazanas y debates en la Universidad Pompeu Fabra. 89 grupos: Afraid to Speak in Public, Corcobado y los chatarreros de sangre y cielo, Duquende, Ja T’ho Diré, Kojón Prieto y los Huajalotes, Lagartija Nick, Macromassa, Pau Riba, Sexy Sadie…

1995: Lluvias torrenciales. Escenarios destrozados. Es la primera edición dirigida artísticamente por Francesc Vaz y Santi Carrillo, de la revista Rock de Lux. Récord de grupos convocados (¡164!): Albert Pla, Daniel y la Quartet de Baño Band, Dr. Calypso, Mau Mau, Negu Gorriak, Raimundo Amador, Tindersticks…

1996: El Institut Municipal Barcelona Espectacles –de quien el BAM depende orgánicamente- se reconvierte en Institut de Cultura de Barcelona. Impresionante éxito de las sesiones del Techno-BAM, en el Apolo (pese a que había precio de entrada, 1000 pesetas). Grupos invitados: Color Humano, Ixo Rai, Jedi Knights, Lambchop, Peanut Pie, Robyn Hitchcock, Sideral…

1997: La estación de Francia se estrena como escenario. Se decide racionalizar el número de conciertos. Solo actuarán 81 formaciones -50 de ellas, españolas-, entre ellas: Asian Dub Fundation, Belle & Sebastian, Billy Bragg, Enrique Morente, Manta Ray, Primal Scream, Silvia Comes i Lídia Pujol…

1998: El año de Lou Reed (¡gratis!) en la avenida de la Catedral, con 18.000 asistentes. Última edición de la Feria Discográfica, celebrada en el Moll de la Fusta. Músicos y grupos convocados: Cheikha Rimitti, Dusminguet, Fundación Tony Manero, Roger Sánchez, 7 notas 7 colores, Super Furry Animals…

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Entre profesionales
Los cambios organizativos hicieron que la feria discográfica se convirtiera en una actividad más del BAM, paralela a los propios conciertos. En el año 1994, la feria se instaló en las Atarazanas, y en ediciones posteriores se la vería en otros espacios como el Frontón Colón o el Moll de la Fusta. Hasta que dejó de celebrarse (el año 1998 fue el último), la Feria era un espacio donde no solo se vendían discos, sino que las propias empresas hacían contactos entre ellas. Si los conciertos suponían la toma de contacto de los grupos con el gran público, la feria discográfica y profesional era el lugar donde los músicos podían conocer a los pequeños empresarios de la nueva industria. Tal como ha recordado Fran Fernández, de los Australian Blonde, “estábamos fascinados, no solo por lo que nos pasaba a nosotros, sino por lo que sucedía a nuestro alrededor con toda una escena que se estaba formando. En Gijón quedas un poco apartado de todo, pero aquí conocimos mucha gente y entramos más en contacto con la prensa.” Francesc Vaz, que fue director artístico del BAM, complementa las palabras de Fernández explicando que “era genial ver el entusiasmo demostrado por los grupos nacionales durante aquellas primeras ediciones. La mayor parte de ellos estaban acostumbrados a tocar en salas muy pequeñas delante de un público muchas veces reducido, y en el BAM se encontraban con el hecho de que tenían un escenario en condiciones, y además, podían tocar delante de muchísima gente. Para ellos era fantástico: salían a escena súper motivados y acababan encantados de la vida. Aquel ambiente lo iban contagiando a los grupos de fuera.”

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Mercado interior, projección exterior
La parte profesional del BAM favorecía contactos que influyeron en la estructuración del mercado catalán, y en el nacimiento de asociaciones como DIBA (Discográficas Independientes de Barcelona), precursora de la más reciente APECAT (Asociación de Productores y Editores Fonográficos y Videográficos Catalanes). El propio Ayuntamiento hizo suyo el espíritu del festival con un conjunto de contribuciones que también vale la pena destacar: la consolidación de locales públicos destinados al cultivo de la música independiente –fundamentalmente, los centros cívicos Les Basses y La Bàscula-, la instalación de espacios de ensayo en equipamientos juveniles municipales, o la creación de programas de apoyo a la música de base, tales como Interrock, nacido el 1993 y el espíritu del cual ha seguido vivo en el programa “Músiques + a prop”.
La voluntad de consolidación del mercado catalán también aparece en la organización de un BAM-Tour que se quiso celebrar en diferentes poblaciones, para que los grupos que actuaban en el BAM tuvieran más de una oportunidad de tocar ante el público. El BAM-Tour se celebró desde 1995 hasta 2000, y su momento álgido fue en 1999, cuando se celebraron conciertos en Tarragona, Zaragoza, Perpiñán, el Prat y Lérida.
Al lado de este papel agitador del mercado interior, el milagrito –acertada palabra con que suele referirse al BAM el crítico de El País Luís Hidalgo- ha dado muestras, de forma sostenida, de su vocación europeísta. Ejemplos hay muchos: el proyecto BAM Export que entre 1996 y 2001 llevó unos 60 grupos catalanes a festivales como el PopKomm de Alemania, Printemps de Francia, Arezzo Wave de Italia o Noordeslag holandés; el apoyo recibido en el programa europeo Kaledoscope (1997 y 1998), que potenciaba el intercambio de grupos entre países del continente; la participación en las convenciones preparatorias para la planificación del programa Culture 2000… Actualmente, las referencias continúan: el BAM ha sido precursor de un Encuentro de Festivales y Músicas del Mediterráneo que se celebra desde el 2005 en la ciudad, y que pretende consolidar un espacio musical netamente mediterráneo; y por otro lado, el festival se encuentra integrado desde hace dos años en iniciativas tan relevantes como la red de festivales Yourope y el programa europeo ETEP (que facilita el intercambio de grupos dentro del continente).

Cronología:
1999: El número de grupos cae hasta los 35 (1/3 de Cataluña, 1/3 del estado y 1/3, internacionales): Ángel Molina, Astrud, Beth Orton, Dj Hipe & DJ Zinc, Fang, Fangoria, Goran Bregovic, Yann Tiersen…

2000: El promotor y dj Albert Salmerón asume la dirección artística del festival. Se estrena la Rambla del Raval como el escenario más mestizo del BAM. 58 grupos convocados: An der Beat, Carl Craig, Cheb Balowsky, Laurent Garnier, Peret, Rachid Taha, Sidonie, Jimi Tenor & Banda Municipal de Barcelona…

2001: La lluvia rivaliza en protagonismo con los cerca de 70 músicos convocados. Entre ellos, Matthew Herbert, Miqui Puig, Ojos de Brujo, Rinôçerôse, Sideral...

2002: Décimo anversario, con escenarios en la plaza del Rei, avenida de la Catedral, rambla del Raval, y estación de Francia, el único espacio de pago. El presupuesto llega a los 480.000 euros, mientras que en 1993 sólo había dispuesto de 130.000. Actúan 52 grupos: 2 Many DJ’s, Cholo Valderrama, Jazz Jamaica Allstars, Los Planetas, Macaco, Propellerheads, Sisa, Soft Cell...

2003: Récord de entradas vendidas en la Estación de Francia (14.000 en una sola noche). Dos escenarios dedicados a la programación más local, en la estación de Francia y en Razzmatazz 2. Entre los sesenta conciertos, cabe destacar los de Lee ‘Scratch’ Perry, The Bollywood Brass Band, o los legendarios del punk Buzzcocks.

2004: Carles Sala asume la dirección artística de un cartel enfocado como homenaje a la ciudad. De los 65 grupos convocados, 46 son barceloneses. Es una manera de reaccionar ante el crecimiento de festivales como el Primavera Sound, y ante la gran cuota internacionalista llegada a la ciudad en el marco del Forum Barcelona 2004. Entre los grupos participantes: The Movidas, Sidonie (dj’s), O’Funkillo, 12Twelve, Els Pets, Pastora...

2005: La música empieza a alejarse de nuevo del centro de la ciudad, con el estreno del Forum como escenario festivo. La plaza del Rei, cerrada por obras (los conciertos más recogidos del BAM se trasladan a la plaza Joan Coromines). Primera edición del Encuentro de Festivales y Músicas del Mediterráneo. Conciertos de Duquende, Kaizers Orchestra, Vive la Fête, Raw-T, The Raveonettes, It’s Not Not, Sébastien Schuller...

2006: El BAM llega a su concierto número 1000. 55 actuaciones programadas, algunas de las cuales –Ojos de Brujo, por ejemplo- se tienen que cancelar a causa de la lluvia. La presencia de grupos europeos vuelve a ser importante.

2007: El BAM celebra su 15 aniversario. Entre las noticias de la nueva edición, está la retirada parcial de Jordi Gratacòs, padre del BAM, que había vuelto a ejercer de director artístico en las últimas dos ediciones, y que quedará como asesor del festival. También este 2007, el BAM se presenta decidido a ganar la partida a los elementos: por primera vez, todos los escenarios estarán protegidos contra la lluvia!

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Momentos
¿Qué queda del BAM al final del camino recorrido, más allá de las contribuciones más o menos palpables en la industria musical y en el panorama de los festivales? Que cada cual retenga en su memoria algunas de las noches únicas, probablemente irrepetibles, que ha podido vivir en medio de la ciudad en fiesta. ¿Quizás serán los conciertos de Corcobado (1994) o Múm (2001) en la plaza del Rei? ¿O la emotiva actuación a cappella de Mark Eitzel, que se empeñó en cantar a pesar de la lluvia y sin enchufes (1995)? Que nadie olvide el mítico concierto de Primal Scream en la Estación de Francia (1997), ni la marea humana formada el 24 de septiembre de 1998, cuando Lou Reed actuó gratuitamente delante mismo de la Catedral… La lista podría continuar con la música de bodas y funerales de Goran Bregovic (1999), o con la oportunidad de ver en un mismo escenario a Mastretta, Amparanoia, Ojos de Brujo y Peret (2000). Y la leyenda del reggae, Lee ‘Scratch’ Perry actuando en la Rambla del Raval (2003), un escenario mestizo donde también actuó Rachid Taha ante 7000 personas (2000)… 15 años han dado para muchas alegrías, y ahora es el momento de celebrar el pequeño milagro del BAM. ¡Y que cumpla muchos más!.

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