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En la hoja de ruta de Bali, hace casi dos años, la comunidad internacional se comprometió a llegar a un acuerdo en Copenhague a finales del 2009 que garantizara la acción para reducir los gases de efecto invernadero, y que diera continuidad e intensificara hasta el año 2020 los compromisos del Protocolo de Kioto, vigente entre el 2008 y el 2012.
Por lo tanto, hoy estamos hablando de futuro, sin olvidar que, a la vez, nos encontramos en pleno proceso de cumplimiento de objetivos de Kioto. El objetivo global del primer período establecía la obligación de los países industrializados de reducir en un 5% las emisiones en relación con 1990. Es bien conocido por todos que la Unión Europea ha liderado este proceso y que, aunque con dificultades, se halla, en conjunto, camino de alcanzar dicha reducción. También, que los Estados Unidos, el primer emisor mundial (14,4% del total), no ha ratificado este primer acuerdo, aunque ha habido un cambio de posición de la nueva Administración americana en esta cuestión. Y que China, en el año 2008, superó a los EE. UU. como primer emisor mundial de gases de efecto invernadero en valores absolutos, si bien todavía se encuentra muy alejada de EE. UU. por lo que se refiere a emisiones per cápita.
La hoja de ruta de Bali, además del calendario, establece tres premisas básicas: a) los países industrializados deberán realizar un esfuerzo superior en este segundo período, y a largo plazo, en la línea que establece el informe del grupo de expertos (reducción de entre el 25% y el 40% de emisiones para el año 2020 y de entre el 80% y el 95% para el año 2050); b) las economías emergentes deberán esforzarse para reducir emisiones, siempre que se garantice una transferencia tecnológica y de recursos también verificable y eficiente, y c) hay que apoyar a los países en desarrollo para que puedan adaptarse a los efectos del cambio climático.
A grandes rasgos, este es el punto de partida. Estos dos años de trabajos en el seno de las Naciones Unidas han sido muy productivos. Se ha establecido el marco de trabajo, y se han puesto sobre la mesa los distintos instrumentos operativos. También se han trazado las líneas rojas y la diversidad de expectativas y opiniones. Ahora, sin embargo, hay que cerrar el acuerdo. Es evidente que la situación es distinta a la de hace diez años. En primer lugar, porque el mensaje de los expertos es mucho más contundente en su cuarto informe del 2007: el cambio climático es inequívoco, de origen humano, y hay que reducir sus causas de forma intensiva. En segundo lugar, porque también son más claras las causas y los efectos que ya se dejan sentir. Y, en tercer lugar, y esto es fundamental para entender la dificultad del entendimiento, nos encontramos ante un posible acuerdo que no es solamente ambiental, sino que tiene una importante repercusión en la gobernanza mundial y en un cambio profundo del modelo económico, con efectos evidentes sobre cuestiones geopolíticas, alimentarias o de la distribución de recursos energéticos y materiales.
Frederic Ximeno
Director general de Políticas Ambientales
Departamento de Medio Ambiente y Vivienda
Generalitat de Catalunya