Cooperació internacional, solidaritat i pau
Plan director de cooperación internacional y solidaridad 2006-2008
2. El marco de referencia

A continuación se presentan los principales referentes externos que han conformado y conformarán la política de cooperación para el desarrollo del Ayuntamiento de Barcelona y, por lo tanto, del presente Plan Director y de las actuaciones que de él se deriven.

2.1. La nueva doctrina y agenda del desarrollo y de la cooperación para el desarrollo

Los organismos multilaterales, el sistema de Naciones Unidas, la OCDE, muchos países del Norte y del Sur, y también la mayor parte de los actores privados y públicos del sistema de cooperación para el desarrollo se han comprometido no hace mucho con una agenda internacional con objeto de reducir la pobreza en el mundo. La fecha fijada para conseguir esta reducción de la pobreza es el año 2015. El compromiso se expresa mediante 8 objetivos, 18 metas concretas para conseguir en el año de referencia y con un sistema pautado de indicadores y de procedimientos de análisis, seguimiento y evaluación, que incluye exámenes intermedios de evolución de los compromisos (el primero, justamente en el año 2005).
Adicionalmente, además de los compromisos en materia de desarrollo y erradicación de la pobreza, la Declaración del Milenio recoge una serie de compromisos que marcan también la agenda de los actores del sistema internacional de cooperación para el desarrollo y de mejora de las relaciones internacionales. Concretamente, se recogen compromisos en materia de: construcción de la paz (paz, seguridad y desarme); equidad de género y promoción de la autonomía de la mujer; medio ambiente; democracia, derechos humanos, buen gobierno y gestión de los asuntos públicos, protección de las personas y grupos vulnerables; especial atención a las necesidades específicas de África, y fortalecimiento del sistema de Naciones Unidas.
Naturalmente, la Declaración, sus objetivos y el resto de compromisos vinculados serán una guía básica para la acción de cooperación y solidaridad del Ayuntamiento.
En el terreno de la «doctrina» del desarrollo y la cooperación necesaria a fin de alcanzarlo, cabe destacar también que en las dos últimas décadas la corriente dominante de la idea de desarrollo ha generado una serie de consensos y de buenas prácticas que se dan por supuestas.
Dicho con otras palabras, contamos con una serie de ideas, conceptos y consensos que funcionan en todas partes y para todo el mundo como guías para la acción, como elementos que permiten conformar políticas públicas de calidad en el terreno del desarrollo y de la cooperación.
Entre ellas, destacan, a efectos del presente Plan Director:

  1. La consideración del desarrollo como bien público global y como derecho de alcance estructural y permanente. La consideración de la cooperación para el desarrollo como objetivo limitado y temporal, dirigido simplemente a coadyuvar o facilitar las políticas de desarrollo, aunque —en coherencia con la concepción del término— con orientación transformadora y alejada del asistencialismo.
  2. La consideración del desarrollo como proceso multidimensional, centrado en la satisfacción de las necesidades de las personas y en la mejora constante de su bienestar, proceso que puede tener diversos modelos, en función de las constricciones, condicionantes, opciones y decisiones en materia medioambiental, cultural, social, económica y política de cada caso. En resumen, la consideración del desarrollo como un proceso que quiere contribuir a resolver las causas estructurales de la pobreza, de las desigualdades, de la exclusión y de la injusticia.
  3. La singularización de estándares y referencias internacionales, que permiten planificar y decidir políticas públicas, con prioridades sectoriales y temáticas, para los diferentes actores del sistema, relacionando las políticas entre sí y estableciendo buenas prácticas a la hora de definir las consideraciones básicas sobre la planificación y la ejecución.

Finalmente, hay que recordar que el Plan Director del Ayuntamiento, como también su política de cooperación para el desarrollo, debe tener presentes y hacer suyos los marcos legales y de planificación estratégica en materia de cooperación para el desarrollo español y catalán, concretamente los respectivos planes directores 2005-2008 y 2002-2006 y las respectivas concreciones anuales de ambos.

2.2. Las buenas prácticas y estándares internacionales, guía para la búsqueda de calidad y coherencia

Décadas de ayuda al desarrollo y de cooperación, como también el octavo objetivo de la Declaración del Milenio antes mencionada (estrategia de asociación para el desarrollo) permiten establecer un catálogo de buenas prácticas y de estándares internacionales que servirán de guía para la acción.
Concretamente, se quieren destacar las siguientes, de mayor a menor grado de concreción:

  1. Los objetivos últimos de las políticas de desarrollo y de cooperación para el desarrollo, que vienen marcados por el enfoque de promoción de las capacidades de las personas, comunidades, ciudades y naciones, enfoque promovido en particular por Amartya Sen, Martha Nussbaum y el PNUD, que incorpora la perspectiva de género en el análisis y práctica de estas capacidades con el objetivo de asegurar una perspectiva auténticamente universal.
  2. La manera de concebir la relación entre las diversas políticas públicas (con diversos actores) que afectan al proceso de desarrollo y a la cooperación para el desarrollo, que se resumen en la búsqueda de coherencia, coordinación y complementariedad entre políticas y entre actores.
  3. Las orientaciones relativas a la planificación e instrumentos, fases y modalidades de ejecución, que deben permitir que los diversos actores implicados se apropien de los procesos, y lleguen a ser realmente corresponsables.
  4. La apuesta por la estrategia de asociación para el desarrollo (octavo objetivo de la Declaración del Milenio), que establece que la ayuda y la cooperación para el desarrollo serán eficaces en la medida en que se basen o den apoyo a estrategias de desarrollo a medio y largo plazo, concebidas y lideradas por las autoridades nacionales o las organizaciones comunitarias del Sur, en colaboración o asociación con la sociedad civil y el conjunto de actores y sectores políticos y sociales de cada país. Estas estrategias deben permitir la elaboración de políticas integradas y coherentes de lucha contra la pobreza y la exclusión y en pro del desarrollo social.
  5. La búsqueda de estabilidad, mediante modalidades de cooperación e instrumentos que vayan más allá de los proyectos anuales y se centren en el fortalecimiento y la mejora de las capacidades sociales, económicas e institucionales.
  6. El establecimiento de metas y objetivos específicos, alcanzables en un periodo de tiempo razonable y concreto, cuyo cumplimiento se pueda seguir y evaluar mediante indicadores claros, explícitos y consensuados, que permitan medir el grado de cumplimiento real, el impacto concreto.
  7. La aplicación, en la máxima medida de lo posible y respetando la normativa legal existente (por ejemplo, protección de datos de carácter personal), de prácticas que aseguren la participación, la información y la transparencia a lo largo de todo el proceso de planificación y ejecución de las políticas de cooperación para el desarrollo, como también la concurrencia y la igualdad de condiciones entre los beneficiarios y entre los eventuales actores con los que se concertará una actuación.
  8. El fomento y uso de la evaluación, en el doble sentido de análisis del impacto de las políticas y actuaciones y de mejora de la misma política de cooperación para el desarrollo mediante las lecciones aprendidas.
  9. La consideración de las políticas y actuaciones de cooperación para el desarrollo, con independencia del impacto real  a medio y largo plazo, como una oportunidad para fomentar inexcusablemente —en el Norte y en el Sur— el fortalecimiento, la participación y los valores y pautas de conducta propios de la solidaridad y el internacionalismo. En resumen, una concepción de la cooperación para el desarrollo entendida como una práctica bidireccional, de aprendizaje mutuo, y no simplemente de asistencialismo paternalista a los actores del Sur. 
  10. La búsqueda de coordinación y sinergia entre actores.
  11. La búsqueda de coherencia entre políticas (desarrollo y cooperación, relaciones internacionales y/o internacionalización, promoción comercial y turística, derechos humanos, educación…) y también de coherencia temporal, a medio y largo plazo, en la política misma de cooperación para el desarrollo

Por tanto, en coherencia con la capacidad limitada de un actor municipal en materia de cooperación para el desarrollo y el compromiso internacionalista, solidario y promotor del sistema de Naciones Unidas de la ciudad y del Ayuntamiento, el presente Plan Director hace suyos los compromisos, objetivos, metas, orientaciones, agenda y doctrina dominante de la concepción del desarrollo y de la cooperación para el desarrollo, y se compromete a incorporarlos en todos los componentes de su política de cooperación para el desarrollo y de solidaridad.

2.3. Los gobiernos locales y la cooperación para el desarrollo: respuestas locales a problemas globales

Hay también un marco de referencia local, centrado en las ciudades como actores internacionales y en el fomento del municipalismo, que hay que tener presente e incorporar. Concretamente, debemos considerar al menos los elementos y factores siguientes:
Primero: Que, por vocación y por experiencia, el gobierno local puede ayudar a corregir algunos de los efectos negativos que genera en todas partes el proceso de globalización, efectos que se hacen sentir particularmente en el ámbito urbano.
Segundo: Que los gobiernos locales -por su legitimidad, representatividad, flexibilidad y capacidad de adaptación- son en muchos casos el nivel administrativo más eficaz para resolver problemas de la ciudadanía. De ahí que los principios de proximidad y eficacia, junto a la importancia de los procesos de participación, representen un valor añadido a las actuaciones de las autoridades locales.
Tercero: Hace tiempo que las ciudades se han convertido en actores internacionales con un protagonismo creciente. Esta irrupción en la escena internacional está ligada a complejos procesos de cambio en las relaciones internacionales e institucionales que han provocado que, a escala universal, la red de ciudades esté liderada por un modelo de ciudad y de autoridad local que se caracteriza por:

  1. La promoción de políticas públicas para dar respuesta a problemas de dimensiones globales, pero con claras repercusiones locales.
  2. La presencia de un movimiento ciudadano activo y comprometido que exige a sus autoridades actuaciones consecuentes a los retos planteados.
  3. Un sistema de relaciones basado en la creación de redes municipales y de compromisos ciudad a ciudad que, a su vez, establecen relaciones y compromisos con las entidades supraestatales.

De ahí, pues, que la cooperación internacional para el desarrollo desde los gobiernos locales tenga unas especificidades bien claras, articuladas alrededor de conceptos y prácticas como la descentralización, la subsidiaridad y la inclusión de los diferentes agentes que operan en el sistema.
Esta especificidad se concreta en una visión constructiva de la política de proximidad, que, aceptando la complejidad de los poderes en un mundo crecientemente globalizado, obliga a acercar las soluciones a los problemas tanto como sea posible para solucionarlos.
En resumen, resulta imprescindible que las ciudades se doten de recursos para afrontar los retos contemporáneos y manifiesten su voluntad de abordarlos.
Hacer aflorar los conflictos, identificarlos y poder canalizar soluciones es también un método de trabajo que sólo puede hacerse desde primera línea.

2.4. El marco de referencia y los compromisos de la ciudad de Barcelona

En el caso concreto de Barcelona, observamos que se cumplen los tres elementos.
En concreto, cabe destacar la importancia y significación de dos de ellos. Primero, que Barcelona ha optado decididamente por la integración en las diferentes estructuras, redes y organizaciones que las ciudades han establecido, asumiendo además un liderazgo reconocido y aceptado. Segundo, que el carácter abierto y cosmopolita de los ciudadanos de Barcelona ha favorecido el proceso de apertura al contexto internacional.
Así, observamos que la ciudadanía barcelonesa ve bien la proyección exterior de la ciudad y ha expresado, de forma clara y explícita, la voluntad de que el gobierno local no se mantenga pasivo ante cuestiones de justicia global, como muestran la campaña para destinar el 0,7% del PIB a la cooperación al desarrollo, el movimiento masivo de solidaridad con la ciudad de Sarajevo o las grandes manifestaciones vividas en las calles de la ciudad contra la intervención militar en Iraq o el impacto negativo de la globalización. Estos movimientos han tenido gran influencia en el diseño de una política internacional de la ciudad y para conformar la personalidad internacional de nuestra ciudad.
El resultado final es un claro compromiso del Ayuntamiento en contenidos, formas y procedimientos que se pueden resumir en:

  1. La asunción de un papel facilitador en la construcción de una ciudadanía definida por la cultura de la paz, los derechos humanos y la solidaridad. Una ciudadanía informada, sensibilizada, comprometida, que mantenga y refuerce las dinámicas participativas y asociativas, y que tenga capacidad de incorporar las nuevas realidades presentes en la ciudad, que nos acercan muchas veces a problemáticas derivadas de relaciones internacionales injustas vigentes durante los últimos años.
  2. La concepción de la cooperación para el desarrollo como una opción política y una línea estratégica de trabajo, que se concreta en proyectos bilaterales, multilaterales, programas de cooperación directa desde el Ayuntamiento, subvenciones a proyectos de entidades, etcétera, que se concretó en la decisión de dedicar el 0,7% de los impuestos municipales directos a financiar actuaciones de cooperación y solidaridad. Este compromiso se reforzará y ampliará durante el periodo de vigencia del Plan Director.
  3. La elaboración, contrastada con años de trabajo sobre el terreno, de fórmulas de colaboración ciudad-ciudad y de colaboración entre gobiernos locales que han mostrado su efectividad.
Con este Plan Director, la ciudad de Barcelona quiere reivindicar y hacerse eco del patrimonio ideológico y político que el movimiento municipalista ha generado, desde la asunción de los compromisos, declaraciones, pactos y tratados de ámbito internacional, pero también, y muy especialmente, desde los propios de las autoridades municipales, asumiendo los términos y responsabilidades de la Carta de Autonomía Local, de la Carta de Ciudades Educadoras (Declaración de Barcelona, 1990), del Compromiso de Barcelona proclamado en el Fórum Universal de las Culturas del 2004, de la Carta de Salvaguarda de los Derechos Humanos en la Ciudad, de la Agenda 21 de la Cultura, de los Estatutos de constitución de la Red de Gobiernos Locales y Ciudades Unidas, de la Agenda 21 de Barcelona y de otros.

Ninguna ciudad es una isla. La red de las ciudades cubre el mundo de hoy y lo convierte en un organismo vivo, ágil, permanentemente conectado. El futuro del mundo se presenta como eminentemente urbano, con ciudades vinculadas por deberes recíprocos de solidaridad, que conservan un patrimonio cultural común: la democracia y la autonomía local, que debería revertir en la construcción de una globalidad basada en valores solidarios