Jaume I el conqueridor

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5.º capítulo. Muerte y leyenda

Antoni Furió destaca en su libro el vínculo entre Jaime I y el Monasterio de Poblet. Ya en el primer testamento, de 1232, ordenó ser enterrado allí, y poco antes de morir en Valencia, el 27 de julio de 1276, tomó el hábito tras haber abdicado el trono en su hijo Pedro el Grande. Sin embargo, el cuerpo del rey no se trasladó hasta pasados dos años, una vez el nuevo rey dominó la revuelta musulmana. Descansó en paz más de quinientos años, hasta el convulso siglo XIX. Lo que pasó después lo explica el padre Tomàs Tulla, ex prior de Poblet. Además, Stefano Cingolani se enfrenta con el mito y lo reivindica como buen rey.

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